APRENDER JUGANDO

 

APRENDER JUGANDO

Iván Vera-Pinto Soto

 

 

Hace pocos días participé en la inauguración de la exposición del Museo Interactivo Mirador “Juegos, Azares y Estrategias de la Vida”, que se exhibe en el Palacio Astoreca. Un montaje que nos invita a intuir, manipular, interactuar con nuestros cuerpos y mente, descubriendo por nosotros mismos conceptos como el azar en las situaciones cotidianas y comprender cómo éste puede estar modelado por las matemáticas.

En esa ocasión recordé que como estudiante secundario tuve algunas dificultades con las matemáticas; es más, en un momento sentí hasta miedo por esa materia. Quizás, ello fue consecuencia de las metodologías que se aplicaban en esos tiempos, donde todo se centraba preferentemente en la enseñanza y no en el aprendizaje. Corrientemente, la  instrucción se hacía de un modo tradicional y poco amistoso para los alumnos.

Me atrevería a decir que hasta nuestros días hay algunos profesores que están demasiado ocupados con cumplir con los contenidos programáticos, que les impide distinguir las reacciones emocionales de sus estudiantes. Por ello, la apatía, la falta de cumplimiento de las tareas y el escaso compromiso que  manifiestan los estudiantes, es interpretada por el docente como producto de la flojera o indolencia de sus aprendices, minimizando el papel de las emociones y sentimientos en sus clases.

El enfoque constructivista señala que para que un alumno pueda internalizar conocimientos nuevos deben tener un grado de familiaridad a lo que él ya posee; de lo contrario,  si están muy por encima de sus dominios reales —como sucede habitualmente en matemáticas— las tareas de aprendizaje y la aplicación de dichos conocimientos serán muy exigentes para el individuo, todo lo cual lo conducirá a cometer numerosos traspiés, reforzando en su mente la idea de sentirse inepto y disminuyendo también su autoestima.

¿Cómo superar el pánico por las matemáticas? Partamos aseverando que ellas siempre han tenido un componente lúdico que les han permitido generar las creaciones más importantes en este ámbito. Por lo mismo,  creo que los profesores en su practica pedagógica deberían revalorar el juego como una efectiva estrategia de aprendizaje. El juego es una actividad libre y espontánea que nos permite relajarnos de nuestras tensiones. Es un medio que nos provoca una catarsis placentera; origina lazos afectivos entre quienes lo practican; y, dinamiza nuestras vidas. Empero, pareciera que al llegar adultos y al convivir en un contexto rígido y formal, nos vamos olvidando de esta original energía y terminamos convirtiéndonos en seres menos creativos y  más estructurados.

Tengo la percepción que para mejorar la enseñanza-aprendizaje de las matemáticas, es necesario considerarlas como un juego que incorpora otros factores, como el científico, instrumental, filosófico, los que interrelacionados hacen de esta área del conocimiento uno de los soportes más importantes de nuestra cultura. Tal como afirma el filósofo Martín Hopenhayn “Más que contenidos curriculares, lo que se requiere es generar una disposición general al cambio en las formas de aprender, comunicarse y producir”.

Cuando nos introducimos en la práctica de un juego debemos adquirir cierta familiarización con sus reglas, conectando unas piezas con otras; de la misma manera en matemáticas el alumno debe comparar y hacer interactuar los primeros elementos de la teoría entre sí.  Estos son los ejercicios elementales de un juego o de una teoría matemática. En seguida, al avanzar el dominio del juego, el actuante va adquiriendo estrategias para resolver problemas que van desde los más sencillos hasta los más complejos. En último lugar, el éxito del aprendizaje se produce cuando el ejecutante logra asimilar y hacer profundamente suyos los grandes teoremas y métodos que han sido creados en el desarrollo de la disciplina.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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